Esquizos
Estoy en una guardia, ahora mismo, en un Primero de Bachillerato. Nunca de dado clases a niguno de ellos (qué más quisiera: el nivel más alto que he dado en nueve años de profesión ha sido un 4º de la ESO), pero todos me conocen porque fui el profesor que les acompañó a la excursión de final de ciclo del año pasado.
Entro a relevar al compañero y les da una tremenda alegría de verme. Todos saltan sobre mí (verbalmente hablando, se entiende) y me acosan con preguntas y cuestiones que nada tienen que ver con la enseñanza. Realmente me aprecian, se nota en sus caras, en sus gestos, en la forma en que se dirigen a mí; con una familiaridad de la que, seguro, no gozan el resto de mis compañeros que sí les dan clase.
Esta reflexión es sólo para dejar constancia de la doble cara que tiene nuestro alumnado. De una parte, son sólo gente perdida en ese vasto y complicado mar que es la adolescencia, pidiendo a gritos ser escuchados y comprendidos; de otra, poseen esa cualidad intrínseca del ser humano que es convertirse en una mala bestia capaz de acosarte y darte caza sin piedad.
Un rasgo más de esta esquizofrénica vida que vivimos en este siglo decadente.
Entro a relevar al compañero y les da una tremenda alegría de verme. Todos saltan sobre mí (verbalmente hablando, se entiende) y me acosan con preguntas y cuestiones que nada tienen que ver con la enseñanza. Realmente me aprecian, se nota en sus caras, en sus gestos, en la forma en que se dirigen a mí; con una familiaridad de la que, seguro, no gozan el resto de mis compañeros que sí les dan clase.
Esta reflexión es sólo para dejar constancia de la doble cara que tiene nuestro alumnado. De una parte, son sólo gente perdida en ese vasto y complicado mar que es la adolescencia, pidiendo a gritos ser escuchados y comprendidos; de otra, poseen esa cualidad intrínseca del ser humano que es convertirse en una mala bestia capaz de acosarte y darte caza sin piedad.
Un rasgo más de esta esquizofrénica vida que vivimos en este siglo decadente.
