Primer Día en la Trinchera
Venga, ya estamos aquí. Todos los niños vestidos como si fueran de vacaciones al polo norte (tal y como refleja Kotinussa en su magnífico blog), los padres suspirando aliviados después de soportar a sus iteraciones genéticas durante tres largos meses, y nosotros, los profesores, encomendándonos a todos los panteones de dioses habidos y por haber, incluyendo a los ateos como yo, que toda ayudita es poca.
A estas horas de la mañana ya estamos teniendo las primeras incidencias. Entre las más curiosas cabe resaltar el hecho de que no pocos padres (y hoy es el primer día del curso, no lo olviden) se presentan en secretaría muy apurados diciendo que se les olvidó matricular a sus hijos en Julio. Un despiste, pensarán ustedes, y podría ser, si no fuera porque a esos mismos progenitores no se les ha olvidado solicitar la ayuda de libros. Misterios de la vida. Lo penoso es que, en la mayoría de los casos, dichas ayudas acaban en la sección de deportes de [pongan aquí su centro comercial preferido], y no en las librerías. De hecho, nuestros alumnos carecen de material y de libros en un alto tanto por ciento de los casos. Pero, eso sí, a pocos les faltan los deportivos Nike, o las sudaderas de El Niño, o todo tipo de abalorios de oro que les hacen parecer los vástagos de MA Barracus, el del equipo A.
Por otra parte, observamos un chorreo de adolescentes que, en lugar de preguntar lo que deberían (material, horario, equipo didáctico...), se limitan a interesarse por si tal o cual coleguita les ha tocado en su clase, y si no es así, se dedican a saturar la Jefatura de Estudios para cambiarse de grupo antes del Lunes.
La vida en la trinchera es así. Sólo hemos empezado. Seguiremos informando.
A estas horas de la mañana ya estamos teniendo las primeras incidencias. Entre las más curiosas cabe resaltar el hecho de que no pocos padres (y hoy es el primer día del curso, no lo olviden) se presentan en secretaría muy apurados diciendo que se les olvidó matricular a sus hijos en Julio. Un despiste, pensarán ustedes, y podría ser, si no fuera porque a esos mismos progenitores no se les ha olvidado solicitar la ayuda de libros. Misterios de la vida. Lo penoso es que, en la mayoría de los casos, dichas ayudas acaban en la sección de deportes de [pongan aquí su centro comercial preferido], y no en las librerías. De hecho, nuestros alumnos carecen de material y de libros en un alto tanto por ciento de los casos. Pero, eso sí, a pocos les faltan los deportivos Nike, o las sudaderas de El Niño, o todo tipo de abalorios de oro que les hacen parecer los vástagos de MA Barracus, el del equipo A.
Por otra parte, observamos un chorreo de adolescentes que, en lugar de preguntar lo que deberían (material, horario, equipo didáctico...), se limitan a interesarse por si tal o cual coleguita les ha tocado en su clase, y si no es así, se dedican a saturar la Jefatura de Estudios para cambiarse de grupo antes del Lunes.
La vida en la trinchera es así. Sólo hemos empezado. Seguiremos informando.
